En lo que respecta a la búsqueda de la felicidad, hay tantas opciones como formas de pensar tienen quienes solicitan el beneficio de este misterioso tesoro. Más aún cuando tal ilusión se apoya, sin sustento alguno, sobre objetos materiales condenados a desaparecer. Algunos piden riquezas, otros la compañía de mujeres de buen ver. Hay quien pide poder, una moto o un camión. En mi caso, aparte de salud propia y de los míos, y alguna cosa más que no es menester mencionar, pido una piscina interior. Una piscina donde pueda nadar cuando guste o precise, sin necesidad de sufrir las incomodidades habituales de la práctica de este deporte. No es que piense que vaya a hacerme feliz, pero creo que me ayudaría bastante a serlo, durante ciertos periodos de tiempo. Sirva de ejemplo, para ilustrar el deseo, la que disfruta Sydne Didier, apreciable en estas fotografías.
viernes, 25 de febrero de 2011
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