La tenemos tan cerca y, tan a mano, que no valoramos su preciosa presencia. La dejamos correr, ante nuestros ojos, y vemos como huye entre nuestros pies sin inmutarnos por su desgaste evidente, consecuencia de un uso excesivo, compulsivo e irracional.
El agua es un tesoro, pero no sabemos verlo. Como siempre y, como sucede con todo, lo apreciaremos cuando ya sea demasiado tarde. No hay paraíso hasta que se ha perdido, decía alguien, al respecto de la lentitud humana a la hora de darse cuenta del valor pasajero de ciertas cosas. A juzgar por las estadísticas y las cifras, parece que no le falta razón.
El agua es un tesoro, pero no sabemos verlo. Como siempre y, como sucede con todo, lo apreciaremos cuando ya sea demasiado tarde. No hay paraíso hasta que se ha perdido, decía alguien, al respecto de la lentitud humana a la hora de darse cuenta del valor pasajero de ciertas cosas. A juzgar por las estadísticas y las cifras, parece que no le falta razón.
Fotografías: Nano Calvo Photography





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