martes, 20 de septiembre de 2011

Cosas que Pasan por ser Fotógrafo

Llevo mucho tiempo con la idea de escribir un post como el que sigue, por lo que su estilo y ferocidad han ido variando, en mi mente, según los estados de ánimo y las experiencias vividas durante las jornadas de tal planteamiento, literario y expresivo. Aprovecho mi calma presente para transmitirlo de forma simple, directa y sin ira verbal, o así espero que se entienda. 

Leyendo una breve nota en Facebook, escrita por otro fotógrafo, me animo a hacer lo propio y exponer algunos casos vividos, mezclando el realismo absoluto con tintes de tristeza y una omnipresente comicidad. Acierta el dicho cuando afirma que, en ocasiones, uno no sabe bien si reir, o, por el contrario, echarse a llorar. 

Empiezo relatando el caso más reciente, evitando siempre la inclusión de nombres y la identificación de medios y personas, para evitar ofensas o contrincantes en una guerra inexistente. No pretendo con esto culpar a nadie, sino hacer pensar y recordar que la fotografía es una profesión, ardua y complicada, cuya práctica tiene unas reglas y merece un respeto considerable. No hay prensa sin imágenes, amigos editores, como no hay publicidad, ingresos ni mil palabras que las puedan suplantar.

Caso A) Tengo, pero no gasto: Revista extranjera de elevado prestigio y suscripciones anuales por un valor superior a los 6.000 Euros - esto existe -, solicita un presupuesto por disponer de mis servicios durante un día. El objetivo, realizar fotografías libres de derechos, para uso online y editorial, a disposición total del cliente. Hago lo que me piden y presento las tarifas, tratando de incluir lo que debe contener un presupuesto completo y realista, pero sin hacerlo con un exceso de rigidez, por aquello del negociar. La respuesta del cliente es que, para su sorpresa, mis tarifas se salen de lo normal y no se acercan a los 300 Euros que pagan ellos, por día, en otros encargos similares. Como muchos sabéis, esta cantidad no llega a cubrir el uso editorial e interior de un par de fotografías individuales, por lo que mi reacción al leer su respuesta es una mezcla de sorpresa, estupor y vergüenza ajena. Este caso es frecuente, y resulta difícil establecer donde reside el origen de la culpa. Por una parte, es obvio el escaso interés del cliente por gastar, aunque si está claro su ánimo de recaudar. Por otra, es evidente la existencia de otros fotógrafos que han aceptado tales condiciones, en el pasado, y han permitido que el camino quedase mal sembrado, de esta manera. Finalmente, el encargo no tuvo lugar, por otros factores, y el cliente lamentó mi precio de nuevo, al hacerme saber que deseaban que fuera yo el elegido. Esto pasa mucho, y no deja de tener gracia.

Puesto que este caso es habitual y, considerando que procuro presupuestar ajustando al máximo el valor de lo solicitado, entiendo que existe un buen número de profesionales que no hace lo propio, rebajando el precio hasta límites ridículos, con el fin de lograr el trabajo. Una práctica negativa, a mi entender, y contraria a la justicia y al deseado equilibrio profesional. Si realizas un encargo por tales cantidades, no sólo te supone un gasto, en lugar de cubrir los tuyos, sino que terminas obsequiando una amplia cantidad de imágenes por menos de un Euro, con libertad plena de derechos para el cliente. Un despropósito, vamos.  

Caso B ) Quiero y compro, pero no pago: Este punto resultará familiar a muchos compañeros freelance, como les será conocido a los trabajadores de otros gremios. Cliente adquiere tu trabajo, para fines varios, lo publica y obtiene los beneficios derivados de la operación. Sus editores disponen de material para cubrir unas cuantas páginas, la publicidad tiene un lugar donde apoyarse y el ego del autor debe sentirse satisfecho, en vista de lo anterior. Cierto es que uno se siente bien, al ver su trabajo publicado, pero la realidad obliga a mirar las cuentas bancarias y a pedir, si no es molestia, que la colaboración sea abonada con presteza. La vida sigue y los gastos corren, y no todos tenemos una empresa o estamento oficial que nos suministre un sueldo fijo, a cambio de nuestra mayor o menor competencia. Lamentablemente y, en la mayoría de los casos, tal rapidez no existe, y uno se ve esperando el pago de un trabajo hecho con eficacia e ilusión, largo tiempo, como quien espera la caída del agua de mayo. 

Como dato curioso, exponer que estos casos a menudo coinciden con los del ejemplo anterior. Por citar un ejemplo, recuerdo ahora mi colaboración con la empresa editora más importante de EE.UU. y, posiblemente, del mundo. Después de pretender que firmase un contrato que no era menester, dado el caso, tuve que enviar infinidad de mensajes, realizar llamadas y esperar, más de un año, para que abonasen la cantidad que correspondía. No era mucho, e imagino que su idea era esperar a que el colaborador español, por aburrimiento o impotencia, lo dejase pasar. Por suerte, no lo hice, y finalmente pude cobrar por las imágenes utilizadas, casi un siglo atrás. Un mal sabor de boca, para una colaboración que pintaba muy dulce, al principio.

Caso C) Tu trabajo, por mi prestigio: Esto me sucede menos ahora, por fortuna, de lo que era habitual en otros tiempos. Por alguna razón, hay quien considera que cederles nuestro trabajo, por la vaporosa gloria de cinco minutos, nos permite pagar facturas y alimentar al conjunto familiar. Destaco en este punto un caso muy gracioso, que me viene a la mente en ocasiones. Tienda de ropa de marca, de elevado precio y calidad, me pide urgentemente el uso de una de mis fotografías, para publicarla, a página completa y en formato de anuncio, en la revista de moda nacional de mayor tirada. El cliente tiene prisa, pues el cierre tiene lugar en los días siguientes, y quiere anunciarse y usar esa foto a toda costa. Yo respondo al minuto, ofreciendo la fotografía a un precio especial - en concepto de un trato supuestamente afable y dinámico -, y la posibilidad de diseñarles el anuncio, en caso de ser necesario. Pasa el tiempo y, a mi pesar, no vuelvo a saber de ellos. Al cabo de unos meses escucho, en boca de un tercero, que el dueño de aquella tienda me viene tachando de interesado, ingrato y prepotente, por el hecho de querer cobrar el uso de mi foto y por no aprovechar, desde mi ignorancia, la posibilidad de publicar gratis en una revista de tal nivel. Lo peor de este caso, dentro de la dificultad de encontrar el punto más negativo, es que la mujer del dueño de la tienda era fotógrafa también. 

Caso D) Eras el mejor, pero han elegido a otro: Cuando se trata con estamentos oficiales y gobiernos varios, existe siempre la opción de quedarse con cara de tonto, ante la resolución adoptada por los citados y lo misterioso de sus caprichosos intereses. Relato brevemente un caso concreto, que me produjo un dolor especial e intenso. Estamento oficial busca amplia selección de fotografías de un tema, para su adquisición y uso. Al tratarse de un alto número de fotos, hablamos de una cantidad de dinero considerablemente elevada, y especialmente deseable para un trabajador autónomo y sometido en parte al azar. Al tratarse de un tema que había trabajado intensa y creativamente, mi oferta era fuerte y atractiva, desde la objetividad que me otorgaba una intensa y reconocida trayectoria anterior. Tras esperar el período de selección y, al no obtener respuesta alguna en varios meses, contacto directamente para conocer el resultado de la operación. La respuesta de una de las trabajadoras del ente es, para mi desubicación moral, algo así como esta: "Eras el mejor, pero han elegido a otro. No sabemos la razón, lo siento.". 

Con este ingrato recuerdo y, por no alargar en exceso el post, lo dejo aquí de momento. Aunque joven, en comparación con muchos otros colegas, cuento con anécdotas para escribir un largo y amargo libro del tema. Imagino que nos sucede a todos, de la misma forma que acostumbramos a callar lo vivido, con impotencia, por miedo a las posibles reacciones de unos agresores que, en la mayoría de los casos, hacen su trabajo de la forma impuesta. 

Puesto que no todo es oscuro en este caminar, ni mucho menos, cierro con uno caso positivo y deseable, que se presenta en ocasiones y te hace recordar que la vida, si nos lo proponemos, puede ser un trayecto tranquilo, colorido y agradable. 

Caso E) A cada uno, lo suyo - Revista internacional de viajes me contacta, directamente, con la intención de utilizar 5 fotografías de mi archivo, para un amplio reportaje. Sin necesidad de dar precio o enviar un presupuesto, el cliente - conocedor del valor del producto a adquirir -, propone una cantidad importante y ajustada, destinada a cubrir los usos y derechos pertinentes. Sin necesidad de negociar, discutir o lamentar, la operación se lleva a cabo en pocos minutos, teniendo cada una de las partes lo que les corresponde, en justicia, y haciendo del mundo un lugar mejor para todos.

Casos como este hay pocos, pero, afortunadamente, todavía existen.

© Texto: Nano Calvo Photography

Queda prohibida la reproducción de este reportaje, total o parcial, sin el permiso explícito del autor. Gracias

2 comentarios:

  1. ---zi,Zeño!, compañero,... la vida es como eso, para la mayoria de nosotros.

    Pero estamos en eso, todavia. Seguro que por el amor al arte, la paciensia de nuestros banqueros, etc.
    Olvidamos tambien la mayoria de los caso, que son tan simple, i donde cobramos lo estipulado, sin problema

    Un cordial saludo,
    JDD
    www.jddallet.com

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  2. Gracias por tu comentario J.D.
    Como bien dicesl la mayoría de los casos no tenemos estos problemas. Menos mal...Un saludo y enhorabuena por tu largo e intenso trabajo.

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