martes, 3 de agosto de 2010

El Absurdo de la Cautividad

Si se analiza con objetividad y se observa con un ligero toque de humanidad, nada más cruel, absurdo y caprichoso que introducir a uno o varios animales en un espacio cerrado, para que sus limitados movimientos entretengan, durante el tiempo que dura un rato, a un grupo de seres humanos. 












Comprendo que nuestra curiosidad nos lleve a recorrer el mundo en busca de una ansiada experiencia o de la visión cercana de una especie concreta, pero hay algo ilógico en realizar la maniobra contraria e intentar traer el mundo a nuestros perezosos pies, sacando a la especie de su hábitat natural y ubicándola en el interior de un establecimiento comercial, artificial y limitado, para nuestro insaciable deleite.

Durante mi reciente visita al Oceanográfico de Valencia pude comprobar la evidente tristeza que arrastra un animal en cautividad, en la figura de una de las hermosas ballenas Beluga que moran en el acuario. Así como su compañera realizaba movimientos repetidos y similares - tengo entendido que esto sucede a menudo en animales cautivos -, este apático ejemplar optó por la más absoluta inmovilidad. Algunos dirán que estaba descansando, o que este comportamiento forma parte de su naturaleza. Yo prefiero ser realista y pensar que la cautividad ha realizado su labor de desgaste, y que un ser que ha nacido para recorrer libremente las aguas del Ártico se sabe, en el interior de una pecera gigante, carente de sentido y fuera de lugar.


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