jueves, 11 de agosto de 2011

Volar Sin Pensarlo

La foto de hoy fue tomada en la mítica Plaza Cataluña de Barcelona, y muestra el vuelo repentino de un par de palomas que paseaba tranquilamente, hasta el momento de la captura fotográfica, sobre el borde de una fuente de piedra.

Me gusta esta imagen por la sensación de movimiento enérgico y detenido, por la belleza de las alas en el nacimiento de un vuelo y por el rastro del agua que dejan sus patas al despegar.

Me gusta porque hacen lo que tienen que hacer, sin titubear, en el momento preciso en que su instinto así lo dice, posiblemente sin saber que despegan y seguramente desconociendo que, lo que arrastran con las patas, es el agua que exhala la fuente de una gran ciudad.

Me gusta porque hacen lo que muchas veces deberíamos hacer los pensantes, y en pocas ocasiones hacemos, perdiendo en la duda un resultado de posible, precisa y memorable belleza, como puede ser el retratado.

Bienvenidos sean la meditación, el pensamiento y la duda, cuando es menester su uso, pero que lo sea también, cuando procede su práctica, el sabio e instintivo arte de volar sin pensarlo.

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