Aunque a menudo me resisto a ceder a ciertas tentaciones tecnológicas y, tras varios meses sin teléfono móvil, la vida ha puesto en mis manos uno de los populares iPhone 4, creados por Apple, por lo que parece querer decirme que es hora de volver a conversar con los que están lejos y, de paso, hacer alguna foto en el camino.
Llegado a este punto y, al considerar un error el obviar las posibilidades creativas y sociales de estos inventos, y sus aplicaciones, he abierto una cuenta en Instagram, donde quien quiera, si quiere, puede seguirme y contemplar lo que vaya colgando.
Adjunto una de mis primeras fotografías con el aparato - tomada hace un rato en la Gran Vía de Madrid -, tras la aplicación de uno de esos filtros que tan pronto son certeros y milagrosos como, en otras ocasiones, resultan cansinos y repetitivos.




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