Curas que imparten moral sin tenerla, iglesias que venden bodas y alquilan dosis de fe, al mejor postor, durante el tiempo que dura el evento en cuestión. Gente que las compra y escenifica la unión, llenando sus sueños con la recaudación de los más cercanos. Bodas de pago, invitaciones a cambio de ingresos y fotógrafo impuesto por el orador.
Escritores de ciencia ficción que crean religiones, según cuentan, en busca del dinero más facil de ganar. Actores que pasean su imagen en nombre de insólitas creencias, cediendo su honor, posiblemente, a cambio del interés de saberse bien conectado. Edificios céntricos de estética imposible, extraña presencia y cursos de aire a precio por determinar.
Gurús que guian vidas desde un altar, ocultando con incienso los relatos de sus supuestos engaños. Escenas teatrales, con trucos más viejos que la tos, para asignarse poderes y milagros ante los ansiosos por creer. Ayudantes que lo saben y permiten, con serena fidelidad, a la espera de que les rente el trabajado y cansino interés.
Feligreses que rezan dos horas, disfrazados con su mejor camisa, y dañan sin descanso las veintidos restantes. Lectores de libros sagrados que no ven más allá de sus líneas, ni entienden que las palabras no siempre sirven para explicar lo esencial. Pastores que queman los versos por los que otros matan, avivando la ira de millones en una hoguera creada, en el trasero del mundo, para el deleite de cuatro gatos con mucho tiempo que perder.
Videntes que se anuncian sin reparo y juegan con la esperanza del sufriente, ofreciendo sus dotes por un módico precio al minuto. Charlatanes de lengua larga, y bolsillo hondo, que llenan oscuras salas con personas necesitadas de luz. Recaudaciones millonarias con cesta de mimbre, plato de plata y destino a cualquier paraíso fiscal.
Sectas que roban hasta la camisa, en nombre de tal y de cual, y rasgan familias sin apenas titubear. Cobardes que elijen al más débil para llenar sus sillas de plástico viejo, ignorando que lo único sagrado de su circo es la manipulada debilidad. Gobiernos que lo saben y lo permiten, mostrando en el camino su nefasta pasividad.
Grupos que rechazan a otros, por creer diferente, y se juzgan elegidos, sin ser jueces, antes de cualquier elección. Ofrendas a dos Euros, postales a cuatro y aquí está prohibido fotografiar. Legados históricos con dueño, precio por entrar y descuento para grupos y menores de edad. Patrimonios de la humanidad cerrados y lejos del alcance del ser humano común y normal.
Budas de piedra falsa que decoran piscinas y apartamentos de lujo. Empresarios que usan su nombre para bautizar locales nocturnos, en nombre de la moda, el vicio y la santísma diversión. Profesores de meditación que pierden la calma y ofrecen retiros con tarifas elevadas e infinidad de gastos por cubrir. Enseñanzas de pago y promesas huecas de una segura iluminación.
Maestros que pisotean la confianza, abusan de la influencia y esclavizan con el don de saber hablar. Farsantes que balbucean palabras bien sonantes para atraer masa y rellenar cuenta, al hilo de un eslógan de escasa y barata creatividad. Supuestos mensajeros de la compasión que no dejan rastro, tras su paso, de un verdadero pensar en el bien ajeno.
Comerciantes de traje blanco y fondo negro. Ladrones de guante blanco y traje negro. Vividores de mano larga y buen comer, presente dudoso y pasado por demostrar. Tenderetes sagrados y arcas llenas, rompiendo con su peso la balanza donde pierden el equilibrio, al otro lado, los millones de estómagos vacíos y cuerpos por alimentar.
Si existe Dios y, teniendo en cuenta todo lo anterior, intuyo que debe estar ligeramente avergonzado.
Si existe Dios y, teniendo en cuenta todo lo anterior, intuyo que debe estar ligeramente avergonzado.






No hay comentarios:
Publicar un comentario