Estos días, con motivo de su confusa y esperada detención, por parte de las autoridades chinas, el nombre de Ai Weiwei ha recorrido las páginas de diarios y medios de todo el mundo.
Para quien lo desconozca, y quiera saberlo, explico brevemente que Ai Weiwei, amén de un peculiar activista por los derechos humanos, es un artista contemporáneo y multidisciplinar, hijo de uno de los poetas más importantes de la historia reciente de China: Ai Qing.
De su obra se conoce, principalmente, su reciente idea de cubrir la sala de turbinas de la Tate Modern Gallery de Londres con 100 millones de pipas, hechas de porcelana y a mano. Popular es, también, su participación en el diseño del Estadio Olímpico de Beijing, apodado "El Nido de Pájaro", a la que siguió una clara critica hacia el gobierno chino, su fondo, formas e intenciones.
Menos conocidas son las Vasijas-Coca-Cola de su autoría, su trabajo escultórico y sus fotografías, en las que procura romper con lo establecido y provocar intensas reacciones en el espectador. Lo consiguió, sin duda, cuando optó por dejar caer al suelo un valioso jarrón de la Dinastía Han, fotografíando el proceso y dejando la serie que incluyo arriba. Por mi parte, al tiempo que adjunto el excelente retrato de Weiwei que cierra esta nota - cuyo autor desconozco -, espero que su liberación suceda pronto y que el gobierno chino comprenda, en un futuro cercano, que la mala costumbre de acallar voces a la fuerza no puede traer nada bueno.








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