miércoles, 11 de mayo de 2011

11 de Mayo

El tiempo va pasando y, sin pedir permiso ni justificar su comportamiento, agrega años a nuestra cuenta y los complementa con un lento e inevitable envejecer. Así lo hace hoy, sin contemplaciones, sumando cifras a mi recuento vital de temporadas anuales.

De acuerdo con las enseñanzas budistas, la vejez es uno de los grandes sufrimientos que el ser humano ha de experimentar y asumir, dada su evidente presencia en nuestra existencia. A cada paso envejecemos, sin apenas darnos cuenta, y nos encaminamos a un estado diferente al anterior. 

La aceptación de lo anterior permite que la calma nos acompañe por este camino, de la misma forma que la actitud contraria nos impide disfrutar de los cambios y asumir que la vida pasa y que nuestra presencia es temporal. Nada fácil, pero habrá que intentarlo. 

Hoy se cumplen 35 años desde que ví la luz de este mundo, por primera vez. Lo hice acompañado por mis padres, para mi suerte, y continué el trayecto escoltado por mis hermanos, para mi deleite y orgullo. Es por esto que hago uso de esta nota para dedicar a mi familia este día, y hacerles saber de lo valioso de nuestra compañía, aunque sea en la distancia, y lo importante de mantener los lazos vivos y sanos, sin permitir que disputas, debates o dineros nos separen sin remedio.

El 11 de mayo es el 131.º - centésimo trigésimo primer - día del año en el calendario gregoriano, 132.º en los años bisiestos. Quedan 234 días para finalizar el año. Tal día como hoy, en China, se imprimía el primer libro de la historia. Lo hacía Wang Jie, con el título de El Sutra del Diamante. A lo largo de una mañana como esta, en 1820, el barco de Charles Darwin zarpaba y daba comienzo a un valioso viaje científico. 

Hoy nacían, bajo el cielo de otros tiempos, personajes como Salvador Dalí, Camilo José Cela, el filósofo Jiddu Krishnamurti o la bailarina Martha Graham, a quien Google homenajea con un excelente Doodle. Hoy venían al mundo millones de personas, que celebran al mismo tiempo la prolongación de su presencia en la tierra. 

A todas esas personas, mis mejores deseos para lo que les reste por vivir. Que sepamos asumir el envejecimiento con calma y aceptación, para que el sufrimiento sea lo más llevadero posible.

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