miércoles, 23 de febrero de 2011

De Matar Focas en Canadá

Desconozo qué parte de la historia me habré perdido, cuáles son los suculentos intereses que andan involucrados o qué conexiones neuronales fallan para que un grupo de dirigentes, desde su despacho, legalice la matanza de crías de foca y permita una práctica tan sanguinaria como contraria al rasgado concepto de humanidad.

Esto sucede en un país como Canadá, donde aparte de hablar francés, entrenar deportistas para las Olimpiadas de Invierno y tener una riqueza natural considerable, admirable y digna de conservación, se permite la matanza brutal y anual de 60.000 crías de foca. Esto supone más del 80% de las que nacerán, a lo largo de este año. 

Desde aquí, mostrar mi total desagrado ante un espectáculo semejante, y animar a quien esté en desacuerdo con esta deleznable práctica a que lo haga saber, a través de alguna de las organizaciones que invierten el tiempo en evitar que este tipo de cosas sucedan. 

Mostrar también mi sincero asombro por la capacidad de ciertos seres "humanos" a la hora de adoptar el rol de alguna deidad, manipulando a su gusto y antojo los bienes naturales que la casualidad, o la sabiduria natural no respetada, ha ido a situar en la zona que gobiernan. Lo más gracioso, dentro de la ausencia de gracia, es que lo enmarcan en un supuesto "plan de conservación". Conservación de votos, imagino.

En mi ventana se posan muchos pájaros, pero nunca se me ha ocurrido que esté en mi poder la decisión de capturarlos o matarlos, para mi beneficio. Como mucho, tengo cierto derecho a alimentarlos, siempre y cuando lo haga con moderación y para bien de los pequeños visitantes. Espero que Canadá no salga un día de estos con la idea de incluir la matanza de focas como deporte olímpico. Más que nada porque, tal y como funcionan las piezas del mundo, dudo que el resto de países haga nada para evitarlo.

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