Este tipo de publicidad se basa en la emisión de mensajes audiovisuales, fijos o en movimiento - generalmente de caracter sexual -, por debajo del umbral de percepción del ser humano, de manera que quedan retenidos en el cerebro de forma subconsciente. La finalidad de este fenómeno es producir cambios en la conducta del público objetivo, incitando a éste al consumo de un producto. No obstante, no está demostrado que todos los seres humanos tengan la misma capacidad para percibir este tipo de estímulos, así como que esta técnica sea comercialmente efectiva.
Sin embargo, son muchos los ejemplos de este tipo de publicidad que podemos encontrar buscando información sobre el tema. El más utilizado para definir y explicar este fenómeno publicitario es el falso experimento realizado por un famoso publicista estadounidense, James Vicary, en 1957. Su estudio se basaba en la infiltración de dos mensajes -casi imperceptibles- durante la emisión de un film, que invitaban al consumo de dos conocidos productos. Según Vicary, los resultados fueron reveladores en cuanto a la eficacia de su técnica publicitaria, ya que amentó notablemente el consumo de estos productos tras la emisión cinematográfica. Años más tarde, el publicista descubrió que todo había sido una farsa y que lo único que conseguió con ella fue inventar un nuevo concepto de publicidad, percepción subliminal.Desde el punto de vista legal, la Ley General de Publicidad, en su título II " De la publiciad ilícita", art. 3, este tipo de publicidad se considera ilícita. Refiriendose en su art. 7 a la publicidad subliminal como la que mediante técnicas de producción de estímulos de intensidades fronterizas con los umbrales de los sentidos o análogas, pueda actuar sobre el público destinatario sin ser conscientemente percibida.
© Texto: Alicia Jiménez
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