De igual forma que hice en su momento, con el reportaje
Testigo del 15M y, tras visionar diversos vídeos de contenido sorprendente y lamentable - por el trato policial aplicado a compañeros de profesión y a otros ciudadanos -, consideré mi obligación acercarme hasta Puerta del Sol y comprobar, con ayuda de mi cámara y su capacidad de luchar contra el olvido, la calidad del ambiente y el comportamiento de los agentes, en una jornada de este tipo.

Para tal menester, nos hicimos con una excelente atalaya, compartiendo vecindad con los amigos de la agencia Reuters. Desde ahí, en las primeras horas del atardecer, la cosa pintaba tranquila, como se aprecia en las imágenes. El espacio lo ocupaban, en su mayoría, jóvenes en grupo, pertenecientes a la JMJ, que portaban banderas de diferentes países y, al tiempo que efectuaban desfiles al más puro estilo olímpico, coreaban términos que en ocasiones me costaba entender. No en vano, varias veces confundí el "¡Be-Ne-Dicto!" con un posible "¡Te-Le-Cinco!" y un improbable "¡Te-Ne-Rife!". Culpa mía, seguramente.
Quede claro, como sabe la gente que me conoce y me sigue, que no tengo especial afinidad hacia ningún grupo de los mencionados, aparte de la que puede dar el estar de acuerdo con algunas ideas y comportamientos y, con la misma probabilidad, estar en desacuerdo con otras.
Con el paso del tiempo, llegó la noche y, con ella, la diversidad de opiniones y pareceres. Es aquí donde el ser humano lleva peor la convivencia y el disfrute de los espacios comunes. Esto lo sabe bien la Policia, cuyo evidente plan de acción estaba centrado en la limitación del movimiento y la expresión de los contrarios a los eventos cristianos.

La vida es injusta - Esta afirmación, que creo todos sabemos y reconocemos, puede apreciarse a cada paso y pudo verse verificada ayer, una vez más. Parece haber una ley que dice, sin decirlo, que para que unos estén bien, y disfruten, otros tienen que dejar de estarlo y ceder parte de sus libertades. Esto fue lo que deduje de un breve encuentro entre Cristianos y Laicos - en la imagen inferior -, saldado, por parte de la policía, con una carga violenta hacia el lado de los últimos. Digo que fue injusto por la sencilla razón de que ambas partes hacían lo mismo, de idéntica forma, sin apreciarse un desequilibrio que justificase la acción - de haberlo, lo habría en número, en beneficio de los primeros -. Estuvo feo, como está feo regañar siempre al mismo hijo, sin argumentos, o coquetear únicamente con la hija del jefe, sólo por el hecho de serlo.

Este encuentro, unido a una advertencia por parte de un agente, con ánimo intimidatorio - debió olvidar mi libertad de prensa, pero me dejé la documentación en el hotel, y no era plan de hacer shows -, me hizo recordar la afirmación anterior.
Después de esto, la plaza volvió a la normalidad, y las celebraciones siguieron su curso. Un pacífico grupo ajeno a la cristiandad se instaló en una parte, creando un círculo para comentar asuntos relacionados y mostrar su parecer. Otros preferían la soledad, al exceso de ruido y compañía.
Nosotros, en una demostración de evidente ingenuidad, hicimos lo posible por comprar algo de comer. Es entonces cuando me di cuenta de otro hecho evidente:
Si no quieres que X se ofenda, no hagas que Y destaque - Digo esto porque, después de pasar unas horas en el centro de Madrid, mi impresión fue la de verme en una ciudad tomada. Una ciudad puesta a merced de un amplio grupo de gente, por una serie de intereses - que a su vez coinciden con las inclinaciones personales de quienes pagamos para que nos gobiernen -, olvidando que en la urbe habita gente todo el año, cuyos derechos deberían ser sagrados. Está feo dar un caramelo al hijo del jefe, por serlo, y dejar al tuyo con la miel en los labios, obviando sus deseos. Espero con ansia la visita subvencionada del Dalai Lama a Madrid, como la del resto de líderes espirituales del planeta, como espero descuentos y favores para los parados y desfavorecidos, en la misma aplicación de justicia.

Pasado el trance de conseguir comida - por razones obvias, no lo hicimos en el local de la imagen -, regresamos a la plaza para presenciar un par de escenas con las que termino este post. Es entonces cuando me di cuenta de que lo que había visto en los vídeos, a pesar de no ser lo general, estaba sucediendo realmente. El comportamiento agresivo de ciertos miembros del cuerpo de Policía era destacable, como lo era su ausencia de temple y paciencia a la hora de lidiar con los encuentros. En la misma línea de sinceridad, he de decir que el comportamiento de otros agentes, seguramente la mayoría, era correcto y adecuado para la ocasión. Esto me lleva a la última conclusión:
El individuo no es el grupo - De igual manera que está feo ligar con la hija del jefe, por serlo, o negar a tu hijo el caramelo que le regalas al vástago de tu superior, por un triste interés, está feo generalizar y hacer, de un comportamiento individual, la razón para juzgar a un grupo concreto. De todo hay, en todas partes, y esta gran verdad aplica también a los grupos citados.
No obstante, considero que cuatro acciones agresivas en unas pocas horas, por parte de los encargados de velar por nuestra seguridad, son demasiadas para ser pasadas por alto. Es absolutamente necesaria una actuación a este respecto - preferiblemente de los responsables oficiales, sin despreciar la labor de la señora de la fotografía de abajo -, así como una clara identificación de los límites legales y morales que determinen la actuación del cuerpo policial, en cada momento. Está feo ir amenazando con "dar dos ostias, si vuelves a intentar cruzar esta línea", y es muy triste acudir a realizar tu trabajo, como fotógrafo o periodista, con el miedo de no saber si hoy, por tu forma de vestir, o de pensar, o por no llevarte bien con el hijo del jefe, te tocará a ti el mal trago de verte humillado a fuerza de poder mal utilizado y de oscura intimidación.
Nota: Hacer saber que también vi comportamientos chulescos y agresivos por parte de quienes protestaban - como percibo una ausencia de humildad en ciertos comportamientos online de sus mensajeros -, pero quiero pensar que la Policia, en su calidad de protectora y representante de la ley, debe estar por encima de la violencia y saber gestionarla de otra forma.

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